Decenas de hoteles de diferentes categorías, precios
y estilos han forjado leyenda en nuestra ciudad (¿quién no se ha preguntado si
algún conocido sale en los famosos videos piratas de 'Hoteles de Tlalpan'?).
Aunque ya hay otras avenidas llenas de
moteles (Eje Central o Zaragoza son paradas obligadas) nos preguntamos ¿por qué
en Tlalpan hay tantos hoteles de paso?
La respuesta viene de principios de siglo: antes los hoteles eran
elegantes y muchos de ellos eran incosteables para el turismo nacional. Si
hubiéramos nacido en aquella época, apenas nos habría alcanzado para una posada
o casa de huéspedes, de las que había muchas. La ciudad era pequeña: al
poniente apenas si llegaba a Bucareli y al sur, se comenzaban a dibujar la
colonia Álamos o la Postal.
Pero en los años 30, la Guerra Civil Española
hizo que llegaran miles de refugiados. También llegaron muchos comerciantes,
que en pequeñas camionetas iban y venían de las fábricas de telas o de papel
que estaban en el pueblo de Tlalpan. Ir de un lado a otro con mercancía era
difícil si no tenías algo en qué moverte (aunque pasaba el tranvía). Para
remediar esto a los gallegos y asturianos se le ocurrió comprar terrenitos
sobre la Calzada de Tlalpan que lucía vacía.
Más del 70 por ciento de ellos aún pertenecen
a familias de españoles. Cada hotel tenía su garage donde pudieran aparcar un
rato: el nombre Motel viene de Motorist Hotel. Se les llamaba "de
paso" porque podías quedarte uno o dos días sin problema (y no tres horas
como hoy). En 1950 la Guía Telefónica de la Ciudad de México menciona que
algunos de estos hoteles tenían esa cosa nueva que se llamaba "aire
acondicionado" y muchos de ellos albercas.
Desde 1945, los jóvenes chilangos tuvieron
muchos problemas para mostrar su amor en público: tuvieron que buscar un lugar
para poder darse un tiempo para la pasión, alejados de las miradas curiosas.
Los más pudientes tenían auto y ¡directo a Tlalpan! Así que pasó de ser una
zona de negocios a una zona abiertamente sexual ¿qué bella damita no querría ir
sin temor a que la vieran?
Además, era el puro lujo porque los más
pobretones tenían que conformarse con ir a los que estaban en la zona de la
Merced, que la mera verdad estaban bien feítos. Más aún: en la década de los
60, Cuernavaca se convirtió en la ciudad del pecado para los chilangos como lo
apunta Jesús Chamaco Morelos en su libro Cuando los perros viajan a Cuernavaca.
Pasar por Tlalpan, tener sexo un rato y después irse de fin de semana se hacía
costumbre.
Cuando la ciudad creció, los hoteles se
fueron alejando del centro y eran famosos "los de la salida a
Cuerna". Hoy muchos de estos moteles ya vieron pasar sus mejores años,
pero hay otros que tratan de llevar nuevos conceptos a las parejas enamoradas.
Y dinos ¿alguna vez has tenido una
experiencia sexual en Tlalpan?
SpookIT retoma el articulo de http://www.chilango.com/ y lo comparte con su lectores.


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