En la Edad Media, la gente inició la costumbre de despedirse diciendo Dios sea contigo, afirmación piadosa de la que se derivaron las formas abreviadas o simplificadas de adiós, en castellano y adieu, en francés, como una manera de invocar y tener siempre presente al Ser Supremo. Por su parte, la forma inglesa God be with you perdió su matiz devoto y en la época de Shakespeare, se convirtió en un simple good bye, una distorsión de la frase original: God be with you. En el siglo veinte, en las despedidas, el vestigio religioso terminó por laicizarse y aparecieron otras formas: hasta luego, hasta pronto, hasta la vista, que tenga un buen día.
Extracto del Libro de los Porqué de la Vida Diaria, de Héctor Vélis – Meza.
Ediciones Cerro Huelén.
Posted By JD
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