jueves, 6 de agosto de 2009

Fantasias Sexuales




La fantasía sexual es una especie de ensoñación que permite a la persona imaginar situaciones sexuales que nunca va a vivir o que le gustaría llevar a cabo en algún momento de su vida. Generalmente producen placer y deseo sexual y se suele recurrir a ellas para aumentar la excitación antes o durante las relaciones sexuales.


Las fantasías son exclusivas de cada persona y producto de su imaginación. Esto garantiza la privacidad de sus contenidos, facilita asumir roles determinados y realizar o desear conductas que probablemente nunca se llevarían a cabo en la realidad.

Muchas personas creen que las fantasías expresan un deseo real de participar o experimentar una situación dada, pero lo cierto es que la mayoría de la gente no siente el deseo ni la necesidad de representarlas en su vida cotidiana, y en el caso de hacerlo la exteriorización comprende solo una especificación controlada. 

La mayoría de las fantasías sexuales se centran en situaciones ideales o que nunca han sido probadas en la vida real. Hay casos en los que predomina la seducción de realizar lo prohibido, mientras que en otros el contenido gira en torno a lo insólito o lo nunca experimentado. 

Aunque cada fantasía es diferente y puede cambiar de un momento a otro, existen temáticas que se repiten, con una gran variedad de matices e interpretaciones en cada persona: mantener relaciones en grupo, con una persona diferente a la pareja, con una persona del mismo sexo, con algún personaje famoso, en un lugar insólito, en público, etc. 


Fantasías sexuales mas comunes en las mujeres: 


1.- Realizar prácticas sexuales que nunca serían capaces de llevar a la realidad. Esto incluye prácticamente cualquier cosa, y confirma el carácter liberador, lúdico, que tienen las fantasías eróticas. Las mujeres tienen este tipo de fantasía en mayor medida que los hombres. Un 28% de ellas se excitan así. 

2.- A esa fantasía le sigue tener sexo con un extraño. Una de cada cinco mujeres (21%) fantasean de este modo. En ocasiones se trata de alguien conocido del inmediato entorno de la soñadora. Pero la mayor parte de las veces se trata de alguien visto fortuitamente por la calle, en el trabajo, o en cualquier otro ambiente cotidiano. 

3.- Un 19% de las mujeres, sobre todo las más jóvenes, fantasean con que son obligadas a tener relaciones sexuales por conocidos o desconocidos. Ojo con esta fantasía, porque algunos (y, aunque menos, algunas) encuentran que la misma explica las violaciones de muchas mujeres. Nada es menos cierto que eso. Se trata de fantasías, de excitarse mediante hechos que pueden dar morbo por la situación creada a su alrededor (estar indefensos ante el otro puede ser excitante para muchas personas muy resolutivas en la vida real), pero eso no implica un deseo, ni directo ni indirecto, de ser violadas o de provocar violaciones. 

4.- La actividad sexual realizada con más de una persona del sexo opuesto ocupa la fantasía del 18% de las mujeres. forma parte de esa necesidad de imaginarse situaciones que, probablemente, no serían capaces de realizar en la vida real. 

5.- Un número mayor de mujeres heterosexuales que de hombres fantasean con tener relaciones sexuales con alguien del mismo sexo: 11%. Esto sucede así porque las mujeres reciben culturalmente el mismo gusto que los hombres por la belleza femenina y son capaces de admirarla sin tapujos homófobos. 

6.- Finalmente, la fantasía que ocupa el último lugar entre las mujeres es la de obligar a alguien a tener relaciones sexuales sin su consentimiento o con un asentimiento forzado. Esta fantasía ocupa al 3% de las mujeres. Aparece con menos frecuencia que en los hombres, precisamente por ese modelo general del fantasear femenino que supone verse como receptoras de la actividad sexual ejercida por otros. En ese contexto, forzar a terceras personas a hacer algo está casi fuera de lugar, pues exigiría ser más activas que receptivas. 


Fantasías sexuales mas comunes en los hombres: 


Realizar prácticas sexuales con personas extrañas. Casi la mitad de los hombres (47%) fantasean de ese modo; con conocidas y con desconocidas. La variedad parece que forma parte de las necesidades sexuales íntimas de los hombres, sobre todo de los más jóvenes, y las reflejan en sus fantasías.

La fantasía que le sigue es la de tener relaciones sexuales con varias mujeres a la vez. Un hombre de cada tres (33%) fantasea de este modo. Le pasa siempre a los más jóvenes de ambos sexos.

Un 19% de los hombres fantasean con actividades sexuales y situaciones en las que jamás se comprometerían en la vida real. Al contrario que las mujeres, que tienen más fantasías de ese tipo (un 28%). Quizás a los hombres les cueste esfuerzo pensar que existen actividades sexuales que serían incapaces de realizar.

Le sigue la fantasía de obligar a una mujer a tener sexo. Un 13% de hombres tiene esta fantasía promovidos, probablemente, por el tipo de condicionamiento cultural masculino recibido, que les obliga a ser “hacedores”, agentes activos en toda relación sexual, consentida o no. Atención: se trata de fantasías. De cosas que se imaginan sabiendo que se encuentran en un mundo irreal. Sería tan injusto suponer que estos hombres son violadores en potencia, como conjeturar que las mujeres que fantasean con ser obligadas a tener sexo son potencialmente provocadoras de violaciones.

Quizás por ese condicionamiento cultural de “hacedores” sexuales, un porcentaje de hombres relativamente pequeño (10%), en cualquier caso menor que el de mujeres, fantasean con la idea de ser forzados a mantener relaciones sexuales. Esta fantasía la tienen los más jóvenes de ambos sexos. Los de más edad, tienden a abandonar esta fantasía, como si la experiencia hiciera la idea menos atractiva. 

Finalmente, solo un 7% de los hombres fantasea con tener relaciones sexuales con miembros del propio sexo. La homosexualidad, aún en términos imaginarios, parece ser algo inquietante para los hombres. El mismo tipo de homofobia que impide a muchos de ellos aceptar y disfrutar caricias sexuales en el ano, aunque se las proporcionen sus parejas femeninas. Se trata de un condicionamiento cultural que implica tanto a hombre como a mujeres. Recuérdese que tanto unos como otras aún emplean alguna que otra vez la voz marica como un insulto contra el sexo masculino.

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